VIATGE A ITÀLIA. CURS 2005-2006

   

 

 
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dijous 15

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


dissabte, 17

Poco frío y muchas maletas. Nuestros padres muy a nuestro pesar, siguen acudiendo a despedirnos y a soltar alguna lágrima. Llegan los veteranos, el Sr. Ausín, capitán general de la expedición sin saber lo que le espera; Sr. Ballús, atrevido contramaestre de a bordo (sí, de un autobús) y comentarista oficial del viaje; y Mercedes, ¿qué decir de ella?, siempre vigilando (con una sonrisa) y sin perder la compostura.

El autobús parte, y el trío consigue introducir a 40 personas en un autobús de 50 (sí, por difícil que parezca, ¡llegaron a faltar sitios!), últimas instrucciones y buenas noches. Lo que no pudieron conseguir es que cerráramos la boca. Gracias a las intervenciones de Yuyu, icek y compañía, el autobús se sumió en un estado de efervescencia constante, no recomendado para poder dormir.

Finalmente, tras 11 horas de viaje, un par de nanas, un bocata de chorizo que resucita a los muertos, una risa de “perro pulgoso” y un poco de silencio, llegamos a nuestro destino sin más incidencias.

Pisa. Las autoridades italianas han inclinado amablemente la torre para que la veamos mejor: todo un detalle. Nos tomamos unos pocos litros de café, para ver en todo su esplendor la torre, el Baptisterio y el Duomo. “Piú bello tuto”, como dirían aquí. Por cierto, en contra de todo pronóstico, ¡NO HACE FRÍO!

De vuelta a bordo, un dvd sobre Florencia nos sume en una agradable siestecilla (migdiada, en catalán).

Florencia se nos presenta soleada y un poco más fría. Tras la maratón de maletas llegamos al Hotel California. Ver para creer: el hotel, desde fuera, parece frío y tétrico, pero el segundo piso, el “verdadero hotel” es realmente acogedor. Hora de comer, Florencia centro, de primero lasaña, troceada de mala manera y solo salvable gracias al parmesano (lo admito, a casi todo el mundo le gustó); el segundo plato es un caso especial, pollo con patatas fritas, seco y sin sal, regado con agua del grifo (según el ECP*, catalogada como “il succo di romano”, debido a su posible procedencia de un pozo de la Antigüedad del Imperio Romano). Mis aplausos al gerente de márqueting: el hecho de tomar pollo seco induce a acompañarlo con patatas, pero el estar estas sosas y secas inducen en conjunto a beber un poco de agua, la conclusión es que ¡no queriendo nada lo acabas comiendo todo! A precio de menú es mejor que nada.

La tarde transcurre en la Academia, con David y compañía. Una vez fuera la tarde se convierte en un comprar, hacer fotos, tomar cafés con leche y cortados, comer crepes y helados…La cena, milagrosamente, pasa el riguroso examen del ECP. Ya cansados y con frió volvemos al hotel, ¡hasta pronto!

ECP (Equipo de catadores profesionales: Oscar, Javi y Yuyu)

 

Alumnos de 2º de bachillerato.

 

El día empezó de buena mañana con el pie izquierdo. Los teléfonos con función despertador nos avisaron (esta vez no amablemente) una hora antes que el día anterior. Dejamos a nuestra querida Florencia y volvimos a nuestro entrañable autobús, donde transcurrieron tres largas horas antes de poder llegar a nuestra próxima escala: Padua.

Algunos de nosotros ya habíamos estado en Padua cuando hacíamos 3º de ESO. Vemos Los espejos venecianos, de Joan Manuel Gisbert. Cruzamos un parque y llegamos a La Basílica de Padua. Las reliquias de San Antonio: la lengua, el aparato bucal, el maxilar...pueden ser vistas por los visitantes, un museo antiguo pero muy impresionante. Ni “prisa”, ni “ágil” ni “caminar” están en nuestro vocabulario. Nosotros solo sabemos de “calma”, “relajación” y “pasear”.

La comida en Il Prezzemolo es sencillamente sublime e insuperable: personal italiano que habla español, estética brillante y acogedora (como todas las cosas italianas) y comida excelente. ¡Por fin algo italianamente bueno! El ECP ha tenido que quitarse el sombrero, hacer una reverencia y presentar sus respetos al único restaurante que ha pasado nuestro examen con la nota máxima.

El autobús nos lleva a Mestre, donde cogemos un vaporetto hasta la ciudad de Venecia. Bella ciudad construida sobre un montón de islas, conectadas por puentes y mantenida mediante los diques de los muelles y la obra del hombre rellenando estos con arena. No obstante, Venecia se sigue hundiendo. Una simpática guía nos muestra brevemente el Palazzo Ducale, la catedral, la torre dell’orologio...Pronto nos separamos en grupos y empezamos a perdernos por las calles y callejuelas de Venecia. Aunque parezca mentira es la única manera de encontrar algo o a alguien en la ciudad. Todos pretendemos llegar al famoso puente de Rialto. Es un bello puente colmado de pequeñas tiendas, pero por lo que parece con una subyacente capacidad para no ser encontrado. El resultado es un largo pero agradable paseo, pizza realmente italiana, fotografía obligatoria en todos los puentes, las góndolas...hasta la hora de cenar.

El restaurante se llama La Valigia, vuelva la tiranía pasta-pollo y pollo-pasta a los exquisitos paladares del ECP, que no tiene ningún remordimiento en suspender la cena: pasta fría al funghi y lomo de procedencia desconocida con patatas aceitosas (una mejora con respecto a I Chiasso, donde solamente conocían la patata, y no la sal ni el aceite).

Más tarde nos instalamos en el nuevo hotel, un poco más moderno que el anterior. Hay sueño y parece que poca juerga. Pero eso no se dice, ya se verá mañana en las ojeras de los bellos durmientes. No nos preocupemos, suele pasar.

 

 

 

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